JARDÍN BOTÁNICO

DEL HORTUS CONCLUSUS AL JARDÍN BOTÁNICO
En la época medieval los conventos y monasterios son guardianes del conocimiento y a sus huertos más protegidos, cerrados por muros, los monjes y las monjas cultivan sus plantas más apreciadas, las plantes curanderas y culinarias: son los Hortus Conclusus.

El humanismo y la ilustración fomenta la aparición de una nueva modalidad vegetal: El jardín botánico. Este jardín de la muralla, recoge estas dos tradiciones, convirtiéndose, por vocación, por estética y para acoger un catálogo de especies mayoritariamente aromáticas, condimentárias y mediterráneas en un HORTUS BOTANICUS.

El jardín se encuentra en el recinto amurallado del Rafalí, a la parte más alta del pueblo donde se encontraba la puerta que comunicaba el núcleo urbano antiguo con el Castillo de Rebollet. Este espacio ha sido declarado Bien de Interés Cultural (BIC) y en él encontramos, además del jardín, los restos más importantes de la muralla defensiva que rodeaba la población (unos 130 m) con indicios constructivos de dos torres y que fecha del s. XIV. Además, este espacio cuenta con una gran explanada que es utilizada para la realización de conciertos, talleres, recitales y otras actividades festivas.

Con más de 50 especies, el jardín es una compilación importantísima de las más representativas plantas utilizadas tradicionalmente, en ámbitos bien varios como la cocina (pimiento, uva de pastor, táperes, estragón, …) en infusiones y tisanas (melisa, manzanilla, poleo), para perfumar y proteger la ropa (lavanda), para hacer útiles como capazos, alpargatas, cordel (esparto) y así un largo etc.

El jardín, además, quiere despertar la curiosidad y el interés del visitante por la botánica, por la riqueza florística de nuestras tierras y de una manera más ancha por el respeto y el aprecio por el medio natural que nos rodea y lo hace mediante el elemento vivo más accesible, más diverso, más variado, y si se conoce bien, más sorprendente: LAS PLANTAS.

El jardín es un lugar agradable, tranquilo y silencioso, protegido y recogido. Pasear por los sinuosos senderos, sentarse en un banco y escuchar las campanas o disfrutar de los colores y los aromas del jardín son experiencias únicas que hacen que merezca la pena la visita.